Violencia y adicciones: Conocer para cuidarnos – Estereotipos de género en el tratamiento de las adicciones

Publicado el 4 de noviembre de 2025 en GéneroAdicciones con sustanciasAdicciones sin sustancia

Como hablábamos en la anterior publicación, los estereotipos de género no solo afectan la forma en que la sociedad juzga a las mujeres con adicciones, sino también cómo son atendidas, diagnosticadas y tratadas dentro del sistema sanitario.

El problema no termina en la consulta médica. Los programas de tratamiento de adicciones también están atravesados por estereotipos de género. Durante años, estos programas se diseñaron a partir de modelos masculinos, basados en las experiencias y trayectorias de los hombres consumidores, mientras que las mujeres quedaban invisibilizadas o tratadas como excepciones.

Aunque estos modelos se presentan como “universales”, en la práctica ignoran las realidades específicas de las mujeres: las causas de su consumo, sus contextos de violencia, su carga de cuidados o las consecuencias del estigma social.

Cabe destacar que, en el año 2023, del total de personas admitidas a tratamiento, 39.592 fueron hombres, y solo 9.043 fueron mujeres (OEDA, 2025).

Lo que el modelo masculino no contempla

  • El vínculo entre adicción y violencia de género
    Según datos del Ministerio de Igualdad (2024), 1 de cada 3 (33%) mujeres que ha sufrido violencia física o sexual ha consumido alguna sustancia; y el 12,7% de las mujeres que han sufrido violencia sexual fuera de la pareja ha consumido alguna sustancia (medicamentos, alcohol o drogas) para afrontar lo sucedido. Sin embargo, muchos tratamientos no incorporan la violencia como parte del abordaje clínico, tratándola como un asunto separado del consumo.
  • La carga de cuidados y los roles de género
    Muchas mujeres que quieren iniciar tratamiento se enfrentan a barreras prácticas: no tienen con quién dejar a sus hijos/as o personas dependientes, los horarios son incompatibles o el entorno terapéutico no es seguro. Esto genera mayores tasas de abandono, no por falta de compromiso, sino por falta de adaptación.
  • Motivaciones y trayectorias distintas
    Las mujeres tienden a consumir como forma de regular el dolor emocional, el trauma o la violencia, o como forma de automedicación para patologías de salud mental, frecuentemente en respuesta a experiencias traumáticas; a diferencia de los hombres que suelen iniciarse en el consumo por búsqueda de la novedad o el refuerzo (Prieto-Arenas, L. y Arenas, M. C., 2025). Sin un enfoque que atienda estas causas, el tratamiento se vuelve superficial y no se aborda la problemática real.
  • El estigma moral como barrera invisible
    Mientras que los hombres consumidores suelen ser vistos como “enfermos” o “transgresores”, las mujeres son juzgadas como “irresponsables” o “malas madres”. Este juicio moral también se cuela en los espacios terapéuticos, donde muchas mujeres sienten vergüenza o miedo de ser juzgadas.

En la investigación realizada por Asociación Progestión “Análisis de la atención a mujeres con problemas de adicciones y violencia de género” (Beatriz Poza, 2024), el 87,4% de las mujeres participantes opinaban, en base a su experiencia, que deberían existir tratamientos segregados por sexo, recogiendo algunos testimonios como “porque los consumos y los problemas son diferentes”; “no somos iguales y te ponen más trabas” “porque nosotras encargamos de los hijos”. Además, el 100% se muestra de acuerdo con respecto a que las mujeres tienen más dificultades para acceder a rehabilitación: “el estigma social que sufrimos, la influencia cultural que te hace aguantar, no ser consciente de los problemas”

Un modelo sin perspectiva de género genera una mayor tasa de abandono por falta de espacios seguros y recursos adaptados, una menor efectividad terapéutica al no integrar trauma, violencia y salud mental y el riesgo de reexposición al trauma y revictimización en entornos mixtos o rígidos.

Romper con los sesgos de género en la atención y el tratamiento implica repensar todo el sistema sanitario y terapéutico. No se trata solo de crear programas exclusivos para mujeres, sino de garantizar que los existentes y los exclusivos reconozcan sus necesidades reales.

Esta publicación forma parte del proyecto “Mujeres conscientes II” (sensibilización específica para mujeres con problemas de adicciones), financiado por el Ministerio de Igualdad a través de la Delegación de Gobierno contra la Violencia de Género.

Bibliografía y documentos de interés