Violencia contra las mujeres y adicciones: otras historias que el 25N también debe contar

Publicado el 25 de noviembre de 2025 en GéneroAdicciones con sustancias

Cada 25 de noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, recordamos que la violencia contra las mujeres no es un hecho aislado, sino una realidad estructural que atraviesa muchas vidas y contextos. Es un día para alzar la voz, pero también para detenernos a escuchar aquello que queda silenciado incluso dentro de nuestras propias luchas.

Porque no todas las mujeres sufren la violencia del mismo modo, ni todas encuentran el mismo espacio para pedir ayuda. Entre ellas, están las mujeres que además conviven con una adicción.

En días como hoy, esta realidad suele quedar en los márgenes: sus historias son incómodas, complejas, y a menudo se consideran “difíciles de encajar” en los relatos más comunes sobre violencia de género. Y, sin embargo, son imprescindibles para entender la amplitud del problema.

Muchas mujeres que consumen lo hacen para sobrevivir emocionalmente a experiencias de violencia que comenzaron mucho antes. Otras se encuentran atrapadas en relaciones donde el consumo se utiliza como herramienta de control, aislamiento o manipulación. Y otras, después de romper la relación, son penalizadas socialmente por continuar el consumo como respuesta al trauma.

Estas historias suelen quedar fuera de los datos oficiales y de las consignas más repetidas. Y ese silencio también es violencia.

Conmemorar este día desde una mirada amplia significa reconocer que la violencia contra las mujeres también impacta en la salud mental, en la forma de pedir ayuda, en las estrategias de afrontamiento… y, en ocasiones, en la aparición o agravamiento de una adicción.

Pero, sobre todo, significa entender que ninguna mujer “encaja menos” en el 25N por tener una adicción.
No son menos víctimas.
No son menos creíbles.

Hoy, el desafío es ensanchar el marco, incluir las interseccionalidades que atraviesan a las mujeres no es un gesto: es reconocer que la lucha contra la violencia será incompleta mientras una parte de las mujeres siga quedando fuera del relato.