¿Qué es la Reducción de Riesgos y Daños?

Publicado el 17 de mayo de 2023 en Información GeneralReducción de Riesgos y Daños

Aquí una confidencia: Hace años, en un país oriental muy diferente al nuestro, tuve un accidente de coche. El conductor tenía carnet pero la educación vial que había recibido era exactamente igual a cero, de forma que cuando tuvimos el accidente él no llevaba cinturón, así que no pudo prevenir el riesgo de colisionar contra la luna del coche y, además, tampoco tenía seguro que cubriera los daños del vehículo. Si os estáis preocupando por él, podéis estar tranquilxs, está bien. La sanidad de su país puso a su disposición los medios necesarios para que así fuera.

La reducción de riesgos y daños es todas aquellas medidas que tomamos para hacer una práctica -como conducir- más segura y aprovechar sus beneficios. Valoramos los riesgos según la información que tenemos, nos anticipamos y elaboramos estrategias para reducirlos en cada actividad que hacemos.

La reducción de daños y riesgos en el consumo de drogas es un modelo que apuesta por la información y el acompañamiento, sin moralizar el consumo ni las propias sustancias y respetando las decisiones y los derechos de las personas que las usan. Como mi amigo el del accidente, tenemos poca educación vial en materia de drogas, no las conocemos. Esto es comprensible ya que nos hemos dado por informados con aquellas con las que convivimos, visibles en la superficie: el alcohol, el tabaco y el café. Sin embargo, nuestra cultura no acepta el consumo de aquellas que no vemos, lo estigmatiza y supedita la ayuda a la abstinencia.

Una droga es una sustancia química, por lo que en sí misma no se puede moralizar. Es la manera en la que la usamos lo que nos va a llevar a hablar de posibles daños o riesgos. Conducir es una práctica neutra también, será nuestra manera de hacerlo lo que nos lleve a hacer de ello algo peligroso. En lo que respecta a la conducción lo entendemos rápido, pero, tendemos a atribuir grados de maldad a las sustancias en función de si son legales o no, de si se consumen en nuestro entorno, de los grupos sociales que las usan o de las construcciones históricas que hay detrás.

Y bien sabemos que cuando no hay información el espacio que queda para la construcción del mito es amplio. Muchas de las sustancias que se consumen no están reguladas, transitan por un mercado opaco y cambiante. No hay autoescuelas de drogas donde te enseñan su composición, efectos y consecuencias, por lo tanto es difícil trazar estrategias de reducción de riesgos frente a ellas. Así que, por prevención, hicimos un pacto tácito en el que decidimos que había que enfocarse en la abstinencia.

Quienes apuestan por este modelo creen que la abstinencia no es un proyecto viable para todo el mundo, sino una decisión personal. Para quien decidiese no coger ese camino también tenía que haber un acompañamiento, había que favorecer estrategias planificadas que mitiguen los posibles daños del consumo en la persona y en su entorno. Para ello hay que hablar de sustancias sin tapujos, ofreciendo información obtenida a través del análisis de las mismas, investigar sus riesgos reales, sistematizar el contexto social, cultural e individual de quien acaba teniendo un uso problemático. Se trata de respetar la asignación de beneficios y desventajas que le da cada persona a su consumo.

Hablar de drogas y consumo desestigmatiza y reduce el nivel de alarma propio de lo desconocido de forma que, quizá así el entorno y la red de atención en general pongamos los medios necesarios para acompañar a aquellas personas que acaban colisionando contra la luna del coche.