¿Prevención o culpabilización?: agresiones sexuales y sumisión química
Opinión: María Yanguas Martínez
Vivimos en una sociedad que, ante la violencia sexual, sigue buscando respuestas rápidas y fáciles. En los últimos años, se han popularizado dispositivos como tapavasos o reactivos “antidroga” que, aunque parecen medidas de autoprotección, en realidad esconden una narrativa muy peligrosa: la de que las mujeres debemos protegernos para no ser agredidas.
Uno de los mitos más extendidos hoy en día en relación con la violencia contra las mujeres y el consumo de drogas es el de la sumisión química (la idea de que muchas agresiones sexuales ocurren porque alguien introduce drogas en la bebida de la víctima sin que esta lo sepa). Aunque este tipo de casos existen, no representan la mayoría de las agresiones sexuales; de hecho, existen agresiones en las que hay una relación previa con el agresor, siendo una persona ya conocida por la víctima (la pareja, un familiar, un amigo…).
Este mito, sin embargo, ha sido aprovechado para justificar el uso de productos de “prevención”, como si el problema fuera no proteger nuestra copa, y no la existencia de agresores.
Dispositivos como los tapavasos o vasos con tapa, los detectores de drogas en bebidas… se presentan como herramientas para que las mujeres podamos evitar agresiones sexuales. Pero en realidad, ¿a quién protegen?
Estos objetos no solo no previenen la violencia sexual, sino que trasladan la responsabilidad a las posibles víctimas. El mensaje que nos transmiten es claro: si no tapaste tu copa o si bebiste demasiado, es culpa tuya. Esta lógica es la misma que culpabiliza a una mujer por cómo viste o por estar sola de noche. Es un discurso que exime de responsabilidad al agresor y se la coloca a la víctima.
De esta forma, mientras se sigan diseñando soluciones basadas en que la responsabilidad de la vigilancia y prevención es de las mujeres, la sociedad seguirá fallando. El problema no es si alguien dejó su copa sin tapar, el problema es que hay quienes deciden agredir.
Por todo esto, desmontar mitos, señalar la violencia y actuar de forma colectiva son los pasos necesarios hacia una verdadera prevención. Porque “tapar la copa no tapa la violencia”, y de esto nos habla una campaña reciente del Observatorio Noctámbul@s, que nos plantea que la prevención de las violencias sexuales debe ser estructural, colectiva y con perspectiva de género.


