Las muertes por sobredosis son evitables
Ayer se celebró el día mundial de la sensibilización de las muertes por sobredosis y queremos sumarnos a las reflexiones que se han ido haciendo a lo largo de la semana pasada.
España cuenta con un potente sistema de salud pública y una larga trayectoria en reducción de daños, sin embargo, no hemos sido capaces de abandonar las nociones paternalistas ni la mirada médico-centrada de las drogas, a pesar de todo el recorrido hecho y esto tiene un efecto directo en las sobredosis.
Existe un medicamento altamente efectivo para evitar las muertes por sobredosis de opioides: la naloxona. Este antagonista tiene la capacidad de salvar vidas con mínimos riesgos para la persona que lo recibe, sin embargo, en España todavía está sometido a un estricto control farmacológico y solo se autoriza para su uso clínico. El hecho de que unicamente esté disponible en formato inyectable intramuscular y no en otros, como el spray nasal (Narcan®) que vemos en EEUU confina el manejo únicamente en el personal sanitario. Haciendo honor a una tradición altamente jerárquica y profesionalizada de la mirada de las drogas, es el personal médico quien lo receta y el personal sanitario quien lo administra, obturando la posibilidad de instruir a la propia persona usuaria y a su entorno en la administración para que puedan salvar(se) la vida, dado que choca con la visión paternalista que aun tenemos de la salud.
Bajo este control sigue operando el estigma hacia las personas que usan drogas. La máxima todavía sigue siendo evitar el consumo antes que evitar las muertes, sostenida sobre toda una serie de creencias alarmistas donde cualquier herramienta que permita un uso de sustancias más seguro produce un efecto llamada.
Alarmismo que choca, paradójicamente, con la forma que tenemos de registrar las sobredosis. Desde el tejido asociativo se afirma que hay una infrarrepresentación de las muertes por sobredosis dentro de nuestro territorio. La forma de registrarlas es generalista: por un lado se recogen los datos desde sistemas centrales a los que no todas las comunidades autónomas reportan de la misma manera y, por otro lado, las formas en las que se registran las muertes no están estandarizadas: pueden aparecer como fallo cardiaco, respiratorio, pero no por reacción aguda a sustancias psicoactivas… Registrarlas exhaustivamente no implica una suerte de viaje de regreso a los años 80, lo que se consigue es elaborar políticas públicas más ajustadas a la realidad y, nuevamente, salvar vidas.


