La guerra contra las drogas más deshumanizada que nunca
El socavamiento de los derechos humanos al que estamos asistiendo, como ya hemos dicho en este blog, recrudece y contamina todos los ámbitos de la vida. La pantomima marcial cargada de testosterona que están protagonizando los líderes mundiales involucró, el pasado 3 de septiembre, a la guerra contra las drogas (cómo no).
El presidente Donald Trump alardeaba en su cuenta de Twitter de haber ejecutado un ataque mortal contra una lancha de supuestos narcotraficantes venezolanos. Con el doble objetivo de dar ejemplo y vanagloriarse como uno de los mejores aportadores de la pantomima, colgó un video sobre el momento en el que se producía el ataque que se llevó por delante a todos los integrantes de un buque que se encontraba en el mar Caribe.
Excusándose en el tráfico de drogas como Netanyahu se excusa en el terrorismo (términos altamente efectivos por aparecer insistentemente relacionados) el ejecutivo lanza, además, una advertencia: aquellas personas que trafiquen en esas aguas correran la misma suerte. La muerte hoy si vale como amenaza porque el desprecio a la vida esta tolerado.
En 35 años no se había visto una escalada letal tan inmediata por parte de las fuerzas armadas de Estados Unidos en nombre de la guerra contra las drogas. En nuestro mundo hoy, la sospecha de ilegalidad ha bastado para atacar un buque de civiles sin defensa militar. El presidente justifica la dureza de la respuesta en que se portaban sustancias ilegales dentro del buque, pero no habló de la cantidad ni de que sustancias eran, de la misma forma que parecía no tener que hacer referencia a que la tenencia o el tráfico de drogas no implica la pena de muerte ni la ejecución arbitraria.
La noticia no ha tenido el eco que se merece y eso contribuye también a recrudecer, todavía más, las existencias de muchas personas, entre ellas las que usan drogas.




