Estudio para la mejora de la atención de las personas migrantes con problemas de adicciones: contexto de la investigación
Opinión: Maider Moreno García
Los estudios sobre las adicciones comenzaron a consolidarse a mediados del siglo XX, en un primer momento con una mirada fundamentalmente biomédica centrada en los efectos fisiológicos de las sustancias. Sin embargo, a partir de las décadas de 1960 y 1970, en paralelo al auge de los movimientos sociales y al impacto de determinadas drogas en contextos urbanos, emergieron investigaciones que incorporaron factores sociales, culturales y económicos para comprender los usos y abusos de las drogas. Se empezó a hablar de contextos de consumo, trayectorias vitales y desigualdades estructurales, abriendo paso a un campo interdisciplinar en el que la psicología, la sociología y la antropología dialogaban con la medicina.
Existe consenso respecto a la importancia de ciertos factores contextuales en la génesis del uso y abuso de sustancias, particularmente de aquellos relativos al ámbito familiar y a las redes sociales, así como de algunos menos explorados como la marginación y la pobreza (Lin, Cousins, Clingan et al., 2024). Sin embargo, siguen siendo escasos los estudios que relacionan el impacto de la migración y la drogodependencia (Sánchez Huesca et al., 2006). Este cambio de enfoque permitió reconocer que las adicciones no podían entenderse de manera aislada, sino como fenómenos atravesados por condiciones de vida, precariedad, redes de apoyo y procesos de exclusión social.
Pese a la escasez de la literatura que relaciona migración y consumo, los primeros estudios se remontan a la década de 1930, principalmente en Estados Unidos, el Reino Unido y los países escandinavos. Diferentes autoras/es “se han interesado por el consumo de sustancias en los inmigrantes comparándolo al de la población autóctona considerando a menudo implícitamente como normales las conductas del grupo mayoritario y desviadas las de los grupos minoritarios” (Rahmani, 2011, p. 93). Ello revela el sesgo etnocéntrico y los prejuicios y estigmas que permean en muchas/os trabajos de investigación y que refuerzan ciertos estereotipos.
En el contexto español, las investigaciones que articulan migración y drogodependencias resultan aún escasas y han quedado generalmente anticuadas. Los estudios que encontramos suelen focalizarse en subgrupos vulnerables y nos ofrecen pistas sobre los factores de riesgo entre la población migrante o sobre como la experiencia migratoria puede impactar en el uso de sustancias (Laespada y Arostegui, 2011). En lo que respecta a las publicaciones del Plan Nacional sobre Drogas (2017-2024) o informe EDADES (2023) estas no suelen desagregar la información tomando en consideración la migración, lo que refuerza el desconocimiento respecto de esta población.
Por otro lado, la investigación sobre uso de sustancias se ha construido históricamente desde un patrón masculino, dejando en segundo plano las experiencias y necesidades específicas de las mujeres; no es casual que los trabajos con enfoque de género aparezcan más tarde y sigan siendo menos numerosos (Neff, 2018, p. 570). Ello se relaciona con estereotipos y normas de género que restringen ciertos espacios y prácticas “permitidas” a las mujeres, reforzando su invisibilización y desincentivando la demanda de ayuda por miedo al estigma. Aunque a menudo se las presente como menos presentes en los usos de drogas, las mujeres están sistemáticamente infrarepresentadas en estudios y dispositivos de investigación. Los trabajos que sí incorporan perspectiva de género —comparando patrones de consumo, barreras de acceso y tiempos de permanencia en tratamiento— evidencian sesgos persistentes y muestran que mujeres y hombres no se relacionan del mismo modo ni con las sustancias ni con los recursos asistenciales (Castaño Ruiz, 2011; Cantos Vicent, 2016). En el caso de las mujeres migrantes, estas desigualdades se agravan por la intersección con factores como la precariedad laboral, el cuidado no remunerado o la situación administrativa, lo que intensifica su invisibilización.
Todo lo anterior, explica la necesidad de elaborar nuevos trabajos e investigaciones que relacionen migración y adicciones, priorizando una perspectiva de género interseccional. Con ello se pretenden dilucidar con mayor precisión y actualidad los principales factores de riesgo que inducen a un consumo problemático para esta población, sus necesidades principales en el acompañamiento y proveer de un compendio de recomendaciones y buenas prácticas destinadas a profesionales que acompañen estos procesos.
BIBLIOGRAFÍA:
Cantos Vicent, R. (2016). Hombres, Mujeres y Drogodependencias. Explicación social de las diferencias de género en el consumo problemático de drogas. Fundación Atenea.
Castaños Ruiz, V. (2011). Una mirada de género sobre el consumo de alcohol y otras drogas en las mujeres inmigrantes. Fundación Atenea.
Laespada Martínez, T. & Arostegui Santamaría, E. (coords.). (2011). Diversidad sociocultural y drogodependencias. Avances en drogodependencias. Universidad de Deusto.
Lin, C., Cousins, S. J., Zhu, Y., Clingan, S. E., Mooney, L. J., Kan, E., Wu, F., & Hser, Y.-I. (2024). A scoping review of social determinants of health’s impact on substance use disorders over the life course. Journal of Substance Use and Addiction Treatment, 166, 209484.
Neff, M. (2018). Usages de drogues au féminin et production du savoir académique. Déviance et société, 42(3), 569-595.
Rahmani, R. (2011). Migración y toxicomanías: fundamentos de un encuentro. En Laespada. y Arostegui (Coords.), Diversidad sociocultural y drogodependencias. Avances en drogodependencias (pp. 87-106). Universidad de Deusto.
Sánchez-Huesca, R., Pérez-Islas, V., Rodríguez-Kuri, S. E., Arellanez-Hernández, J. L., & Ortiz-Encinas, R. M. (2006). El consumo de drogas en migrantes desde una perspectiva de género: Un estudio exploratorio. Región y sociedad, 18(35), 131-164.


