Enfermedad y cura. El fenómeno del consumo de psicofármacos en España y las propuestas del Ministerio de Sanidad.

Publicado el 22 de abril de 2024 en NoticiasOpinión

Como anunciamos la semana pasada, sanidad esta preparando una guía de prescripción de psicofármacos para hacer frente a los índices de consumo de estos medicamentos.

Nuestro país ostenta el primer puesto en el podio mundial de consumo de fármacos hipnosedantes. Esto se debe a que no hay protocolos específicos de como retirar y cuando prescribir el tratamiento de estas sustancias psicoactivas, algo especialmente alarmante si tenemos en cuenta que son sustancias que generan un fuerte síndrome de abstinencia, de hecho, junto al alcohol, son las únicas sustancias cuyo síndrome de abstinencia puede llegar a ser letal.

A estas alturas a nadie le sorprende ya la certeza de que los fármacos son drogas y, como tal, arrastran las capacidades que arrastran el resto de sus hermanas. ¿Cuáles son estas capacidades? Vamos a verlas.

La capacidad de centrar toda la atención en ellas, generando un efecto túnel que impide ver alrededor

Cuando hay una sustancia de por medio en cualquier historia de vida, toda la historia se reduce a la sustancia. Esto explica, porque desde el Ministerio de Sanidad se propone un manual de actuación para establecer acciones respecto a los fármacos, entendiendo de manera implícita que el problema se sitúa en ellos, como si el auge de su consumo forme parte de un fenómeno meteorológico frente al que lo único que podemos hacer es extender un paraguas que desvíe las gotas que caen en forma de pastilla, tratando de que nos calen lo mínimo.

Cuando sacamos el foco de la pastilla y lo ponemos en la salud mental, al no ser esta última una sustancia no goza del privilegio de posar todas las miradas en ella. Sino que todas y todos somos capaces de entender que detrás del deterioro de la salud mental se esconde un problema de vivienda, de aislamiento, de exigencias laborales, exigencias sobre el cuerpo y sobre cómo llevar la vida… La salud mental se ha mencionado en discursos polítcos emitidos desde el Ministerio de Igualdad, desde el de trabajo, desde administraciones y ayuntamientos.

Sería interesante, siguiendo el ejemplo de la salud mental, incluir en este protocolo formación en perspectiva de género por parte de los facultativos, revindicar el papel de las enfermeras y enfermeros como agentes de proximidad en los cuidados y el soporte emocional.

La capacidad de multiplicar la preocupación sobre ellas cuando las consumen mujeres

Ha crecido el uso de estimulantes, desbancando la cocaína al alcohol en los datos de asistencia a tratamiento de drogas en algunos países, hay más tipos de sustancias en el mercado ilegal que nunca y las que había cada vez son más puras. Sin embargo, no son estas las temáticas que se financian, ni que aparecen en los titulares. Son sustancias principalmente consumidas por hombres.

Como pasó cuando las mujeres empezaron a fumar y a beber en porcentajes parecidos a los de los hombres, esto supuso una llamada de atención por parte de algunos medios y dirigentes. El consumo de medicamentos hipnosedantes está especialmente protagonizado por ellas y cabe preguntarse si, si fuese un medicamento que consumen hombres, llamaría tanto la atención.

Lo cierto es que a pesar de los discursos y de los atisbos de estar alcanzando mayores cotas de igualdad, todavía nos sorprende especialmente los consumos en mujeres.

La capacidad de atraer, con una potente fuerza magnética, consideraciones a cerca de la enfermedad

Que la adicción es una enfermedad lo hemos escuchado reiteradamente. Esto se ha entendido tan bien, que uno de los grupos con más riesgo de acabar tomando psicofármacos son las personas con adicción, utilizados para tratar un gran abanico de uso de sustancias. ¿Enfermedad? pues cura.

La enfermedad se entiende por la alteración del funcionamiento normal de un órgano, un individuo e incluso una sociedad. Por tanto, la enfermedad recae en la persona. Si bien no es responsabilidad suya contraerla, si que es responsabilidad suya resarcirse de ella. Esta lógica solo se entiende si miramos al mundo como un lugar sano y funcional en el que un individuo empieza a funcionar fisiológica, psicológica o socialmente, de manera anómala. Por lo que lo que llamamos enfermedad no es una respuesta normal de un intento de adaptación a un mundo cada vez más hostil, cuya tensión se ve acrecentada por dinámicas estructurales que afectan a todo el colectivo, sino como algo individual.

Es este concepto de la enfermedad lo que ha llevado a tantas personas a acabar siendo medicalizadas, por entender que sus malestares debían resolverse entre la víctima y el medicamento y es este mismo concepto de enfermedad lo que ha acabado etiquetando a las personas con adicciones a estos medicamentos. Un concepto que es incapaz de explicar la fortaleza de los vínculos que establecemos con las cosas que nos hacen sentir bien.

Es por todas estas capacidades que tienen las drogas que es imprescindible sacar el foco de ellas y empezar a ponerlo en las estructuras que hay detrás. Fue cuando empezamos a poner el foco en la violencia de género que entendimos los consumos en mujeres, cuando empezamos a fijarnos en las sexualidades normativas que entendimos el fenómeno del Chemsex y será cuando empecemos a mirar los malestares comunes que abordaremos la relación con los fármacos.

Marta Escolano Vega