Derechos humanos y drogas

Publicado el 20 de octubre de 2023 en Noticias

¿Tienen que ver los derechos humanos y la gestión de las drogas? Claro que si, te explicamos por qué.

Los escenarios de mayor vulneración de los derechos humanos son los contextos de guerra, y sin duda, la guerra que más años lleva librándose, que más aceptación social ha tenido y que tantas víctimas se sigue dejando a día de hoy es la famosa “Guerra contra las drogas”. Guerra que, atención: spoiler; han ganado las drogas.

La exposición de esta guerra, que se ha justificado con la lucha contra el narcotráfico, y que diferentes series y películas en plataformas digitales se han empeñado en mostrarnos, esta parcial e intencionadamente visibilizada. Hay una cara B que poco tiene que ver con los narcotraficantes que poseen grandes fincas con todo tipo de animales exóticos dentro: la de los campesinos, cultivadores de hoja de coca como único medio para subsistir en los campos colombianos o peruanos, a los que se les han arrebatado sus tierras a golpe de armas. O la militarización de fronteras como México, cuya violencia redunda en quienes, para sobrevivir, tienen que llevar cocaína al país más consumidor de esta sustancia, Estados Unidos.

Así, por otro lado, están quienes la consumen. Si tenemos en cuenta que las drogas son sustancias, hacer una guerra contra elementos materiales se plantea complicado, por lo que la guerra acaba siendo contra las personas que las consumen. Registros, retiradas de sustancias o sanciones hacen a, por ejemplo, las mujeres, tener que ir a consumir a pisos destinados para ello, con todas las violencias y peligros que implica y, si después de esto quieren acudir a urgencias sanitarias o de atención a violencia, las estigmatizarán y las pedirán una abstinencia que no siempre se puede cumplir.

Todo el mundo debe tener derecho a asistencia sanitaria, a tomar decisiones de manera libre e informada y ha beneficiarse de las políticas públicas del sitio en el que vive. Sin embargo, las políticas sobre drogas se diseñan sin contar con las personas que las consumen y en contra de sus consumos, los discursos sanitarios continúan siendo moralistas y el estatus de ilegalidad de las sustancias hacen que estas estén adulteradas, sin poder controlar con qué, y que las personas que consumen no tengan información.