Cuidar hasta desgastarse: el rol de género en las mujeres que acompañan a sus familiares con adicciones

Publicado el 11 de noviembre de 2025 en GéneroAdicciones con sustanciasAdicciones sin sustancia

Cuando hablamos de adicciones, solemos centrar la mirada en la persona que consume. En su historia, su proceso, sus recaídas, su recuperación. Pero en torno a cada persona con una adicción hay otras vidas implicadas, otras historias que se sostienen en silencio: las de quienes acompañan. Y en la mayoría de los casos, esas vidas tienen rostro de mujer.

Desde la línea de atención a familiares que gestionamos en Progestión, hemos podido valorarlo. Del total de las consultas recibidas, el 81,3% han sido realizadas por mujeres. La mayoría son madres y parejas, aunque destacan también las exparejas —tanto con hijos/as en común como sin ellos/as— que, aun habiendo terminado la relación, siguen sintiéndose responsables o involucradas en el bienestar de la otra persona.
En el proyecto de atención psicológica a familiares, los datos reflejan la misma tendencia: el 83% de las personas atendidas son mujeres (en su mayoría, de nuevo, madres y parejas).

Estas cifras no son casuales. Nos hablan de algo estructural: el peso del mandato de género del cuidado. A las mujeres se nos ha enseñado, explícita o implícitamente, a cuidar de los demás, a estar disponibles, a sostener el malestar ajeno incluso a costa del propio. Desde pequeñas se nos socializa para atender, acompañar, empatizar e incluso responsabilizarnos de los demás. Cuando ese aprendizaje se traslada a contextos tan complejos como el de las adicciones, se convierte en una carga silenciosa que muchas mujeres asumen como si fuera su deber.

El amor, la lealtad o la familia se mezclan con el mandato del cuidado, y las fronteras se difuminan. Así, algunas madres, parejas y exparejas sienten que deben aguantarlo todo, que deben rescatar y no rendirse, o que deben cargar con una culpa de quien ya no forma parte de su vida. Y mientras tanto, sus propias necesidades quedan relegadas.

Por eso es urgente poner el foco no solo en las personas con adicciones, sino también en quienes cuidan desde ese lugar históricamente asignado a las mujeres. Necesitamos repensar el cuidado desde la corresponsabilidad, desde la conciencia de que cuidar no puede ser un mandato individual, sino una tarea compartida, acompañada y también reconocida.

En Progestión trabajamos en esta dirección: escuchando y acompañando a las familias, ofreciendo apoyo psicológico, y ayudando a las mujeres a reconocer sus propios límites, su derecho a descansar y a cuidarse a sí mismas.